Vivir en armonía con todos los seres y la naturaleza

Tiene sentido el yoga del amor a los animales! Por Ramiro Calle

hombre gato

Mi madre se llamaba María del Mar y era escritora y yoguini. Fue mi primera maestra y el primer mantra que todo niño pronuncia es “mamá”. Ella me dió a leer los primeros libros sobre la India y me llevó por primera vez a las clases de yoga que un hindú, recién llegado, impartía en Madrid. Era muy amante de los animales, como lo fuimos sus tres hijos. Cuando practicaba con diecisiete años yoga en casa, lo hacía al lado de una maravillosa perra de raza San Bernardo. Por un lado la satisfacción de ejecutar las saludbales posturas de yoga y, por otro, la cercanía del noble animal. Hoy en día que a todo se le llama yoga, pienso que si hay un yoga elevado es el del “yoga del amor a los animales” y nadie se merece más que ellos ser denominados yoguis. Si uno tiene un animal en casa, tras practicar la sesión de yoga en el hogar, pueden después, como yo hago, dedicar unos minutos a ejecutar “el yoga del amor a los animales”, tratando de conectar de alma a alma con la mascota. Cuando estamos más relajados, los animales lo notan, igual que lo perciben si estamos tensos o disgustados o hay discusiones en la casa. Mi gato Emile me ayuda a abrir el corazón. Le encanta que yo haga yoga sobre la alfombra en la que él hace como nadie el savasana (la relajacion yóguica). Desde el silencio interior nos hablamos, porque como dijera el gran yogui Ramana Maharshi, no hay lenguaje más elocuente que el del silencio. Las mascotas son nuestros mejores amigos: no nos juzgan, no nos comparan y nos quieren incondicionalmente. Eso es yoga: unión. Mi hermano Miguel Angel, poeta y humanista, escribió en uno de los libros que escribimos juntos: “Ellos, los animales, tal vez sean los únicos en entrar en ese edén prometido a los limpios de corazón. Ellos ya han alcanzado la paz prometida y la sabiduría que los humanos no hemos sabido completar aún.”